La Ruta de los Pueblos Blancos
Desde la Sierra de Cádiz emerge este recomendable itinerario de arquitectura típica andaluza
El interior de Andalucía aguarda muchos tesoros al visitante, entre ellos la Ruta de los Pueblos Blancos que deslumbra con su claridad. Formada por diecinueve pueblos muy peculiares, esta ruta gaditana que también alcanza Málaga, es un escenario de colorido, tranquilidad y buena gastronomía que necesita un buen número de jornadas para poder ser visitada con la atención debida. Por su extensión, la zona está abierta a múltiples itinerarios, en función de los deseos del viajero.
Blancura de cal
El nombre de estos pueblos serranos no es baladí. La estampa blanquecina de aldeas que brotan entre los tonos naturales será la imagen que permanezca en la retina del visitante. El color de la cal cubre calles y plazas, paredes, techos, iglesias, casas y palacios. Este contraste hace destacar su arquitectura uniforme entre las cumbres rocosas que forman el Parque Natural de la Sierra de Grazalema. El viaje, que puede realizarse a pie, en bicicleta o incluso a caballo discurrirá entre olivos y bosques de pinos, encinas, alcornoques y pinsapos, árbol autóctono de estas montañas.
De Arcos a Setenil
El punto de partida será Arcos de la Frontera, capital de la comarca y bello pueblo encaramado a una peña rojiza sobre el río Guadalete. Ofrece además de vistas sobre la sierra, una carta de presentación de la edificación típicamente andaluza con impronta árabe de que hacen gala las localidades de la zona. No hay que perderse su casco antiguo con laberínticas calles encaladas, ni sus fachadas barrocas o renacentistas, decoradas con escudos y flores, así como el Alcázar.

La ruta continúa hacia Bornos, en las inmediaciones de un pantano en que se puede practicar la pesca deportiva. Entre sus monumentos destacan los Castillos del Fontanal y de los Rivera o la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán. Atravesando la sierra se accede a Grazalema, pueblo de origen árabe en el que disfrutar de una espléndida gastronomía. Un menú cualquiera podría ser de primero una sopa de puchero con pan, huevo, chorizo y hierbabuena; de segundo, venado en salsa y como postre una tarta de bellotas. Para bajar la comilona nada mejor que un paseo por su bosque pinsapar.

Le sigue Zahara de la Sierra, enclave delimitado por su pétreo castillo rodeado de bellos parajes de valle y montaña. La fatiga podrá dejarse en cercana la playa artificial de Arroyo Molinos y darse un chapuzón si el tiempo lo permite, antes de proseguir la senda. Pronto tocará abandonar la sierra de Cádiz pero previamente habrá que parar en Setenil de las Bodegas, con su interesante conjunto de viviendas rupestres incrustadas en la roca. Una vez más, el visitante es sorprendido por la blancura de sus viviendas y su cálida gastronomía, donde destacan la sopa cortijeras, chacinas artesanales y la batata con miel.
Ronda, capital serrana
Tras agotar el recorrido gaditano, es preciso dirigirse a Ronda, un monumento en sí misma, que recoge la historia celta, romana, visigoda, árabe y cristiana. Un crisol de civilizaciones y tradición enclavado en el corazón de la sierra de igual nombre. En sus alrededores se puede disfrutar de espacios naturales de las Sierras, el bosque de pinsapos y robledales, las cuevas del Gato y de la Pileta y el hermoso Molino del Santo.

Monumentos de admiración en la propia ciudad son el Puente Nuevo junto con la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería. Ambos fueron construidos por el mismo arquitecto y son auténticos emblemas de la localidad. El puente fue levantado en 1973 a base de sillares de piedra extraídos del fondo de la garganta, permitiendo unir así la parte moderna y la histórica de la localidad. Merece también la pena contemplar las vistas desde este espectacular mirador a 200 metros de altura y sus casas colgando del precipicio.

Acompañado de su aire fresco y su olor a jazmín, el visitante dará cuenta de testimonios del pasado, como los baños árabes, el minarete, La Casa del Gigante, El Palacio del Rey Moro, El balcón de las ahorcadas, La Basílica de Santa María, La Fuente de los ocho caños, el Paseo del Inglés o El Palacio de Mondragón. La oferta de estancia en Ronda es completa y variada, tan inigualable como su gastronomía rica en productos ibéricos y presentada en sus bares con la especialidad de rabo de toro.

No hay comentarios: